Originalmente fue publicado en la revista Conozca Más® edición de enero, y escrito por el Ruy, pero me parece un artículo muy bueno y digno de reproducir aquí, pues de alguna manera se puede decir que él escribió exactamente lo que yo pienso:Las historias de Shakespeare son emocionantes, aunque habrá que decir que fueron escritas para un público isabelino que nada tiene que ver con nuestra manera moderna de narrar y dejarnos relatar un cuento. Shakes prevalece, sin embargo, por el carácter moral y universal de su obra. Y por su poesía. También creo que el Bardo era un hombre pragmático que, curiosamente, sabía escoger las palabras como ningún otro ser humano. La cosa depende de cómo la miremos: estar varados en una carretera con una llanta ponchada podría remitirnos a aquel "A horse! A horse! My kingdom for a horse!" (Ricardo III), pero esa es la lectura más fácil; cuando ponemos a Shakes a prueba en nuestra vida, o cómo se va moviendo nuestra vida, los resultados son sorprendentes. Ha sido, además de una fascinación lúdica, un buen consejero. Shakespeare me enseñó a no hacer promesas a lo güey ("O, swear not by the moon, the inconstant moon, that monthly changes in her circle orb" -Romeo and Juliet), que el orgullo apesta ("He that is so proud eats up himself. Pride is his own glass, his own trumpet, his own chronicle" -Troilus and Cressida), que despertar de un sueño placentero o que creemos placentero, puede ser rudo y estar lleno de honestidad brutal ("In sleep a king, but waking no such matter" -Soneto 87), que la gente es agresiva por naturaleza y siempre está buscando pleito ("Appetite, an universal wolf" -Troilus and Cressida), que por muy jodidos que nos sintamos, siempre podemos sentirnos peor ("The worst is not, so long as we can say 'this is the worst'" -King Lear) y que beber demasiado es peligroso ("O thou invisible spirit of wine, if thou hast no name to be known by, let us call thee devil!" -Othello).
El Cisne, también, ha sido un gran consejero laboral. Por ejemplo, me ha enseñado que las relaciones públicas son cruciales, aunque suenen falsas ("Let's write 'good angel' on the devil's horn" -Measure for Measure), que hay que desconfiar de los habladores ("Brevity is the soul of wit" -Hamlet) o cueno, desconfiar en general de todos ("Love all, trust a few" -All's Well That Ends Well). He aprendido que una vez que cometes un error, pequeño o grande, no hay marcha atrás ("What's done cannot be undone" -Macbeth), pero también que hay que mandar al pasado por un cuerno ("What's past is prologue" -The Tempest). Que los hermanos a veces se encuentran afuera de la familia ("We few, we happy few, we band of brothers" -Henry V). Que las estrellas son algo hermoso ("These blessed candles of the night" -The Merchant of Venice). que el alma en verdad es inmortal ("All that lives must die, passing through nature to eternity" -Hamlet), aunque eso no me quita el miedo a la muerte ("The undiscovered country, from whose bourn, no traveler returns" -Hamlet). ¡Y qué decir del sexo opuesto! Shakes me ha enseñado que la mujer puede ser perversa ("Beauty is a witch" -Much Ado About Nothing), que hay hembras facilonas y a la vez convenencieras ("Win her with gifts, is she respect no words" -The Two Gentlemen of Verona) y que hay algunas, y vaya que me he topado con ellas, a las que de plano hay que huirles ("O tiger's heart wrapped in a woman's hide -Love's Labour Lost") y, finalmente, caer enamorado es inevitable ("Love may transform me to an oyster" -Much Ado About Nothing). Mucho me ha dicho Shakes a lo largo de mi vida y hoy abro sus libros, en este caso mi favorito, Macbeth, y lo vuelve a hacer, vuelve a golpearme en la médula y me recuerda que no cambiaría mi vida, mi hija, mi hogar, por nada: "Wife and a child, those precious motives, those strong knots of love".
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